Alrededor del Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, entre los actos llevados a cabo en colaboración con el Colectivo Feminista de Pontevedra, la Sociedad Galega de Sexoloxía se propuso reflexionar sobre dos temas que a veces pueden pasar desapercibidos y que consideramos constituyen violencia de género. La violencia obstétrica por un lado, y por otro la violencia sexual a través del tabú, está última mediante una performance que a continuación exponemos. Performance HAI ROUPA TENDIDA. O TABÚ COMO VIOLENCIA SEXUAL. Llevada a cabo el 25 de Noviembre en la Plaza de la Peregrina en Pontevedra

Objetivo: despertar la curiosidad de las personas, invitarlas a que traspasen los límites impuestos por la cultura patriarcal y a que exploren otras realidades, ocultas, que se ciernen sobre el cuerpo y la sexualidad de la mujer. El tendal de sábanas blancas simboliza la expresión “hay ropa tendida”. Fuera del tendal están a la vista todas aquellas violencias cotidianas esterilizadas por los mandatos del género como la cosificación del cuerpo de la mujer o la prostitución…Dentro están los tabués sexuales, lo que se oculta y que evitamos ver y/o nombrar, vulvas, menstruación, sangre menstrual, autoerotismo femenino, aborto, agresiones sexuales y otras agresiones sobre el cuerpo de la mujer….Los sacos vestidores simbolizan el pudor, tapan la vergüenza del desnudo integral para dejar ver lo que la sociedad aprueba.

“Hai roupa tendida. O tabú como violencia sexual”

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Existen múltiples perspectivas desde las que pueden ser abordadas las violencias machistas. En hai roupa tendida, nuestro acercamiento lo quisimos circunscribir en el tabú, como una de las violencias cotidianas sobre el cuerpo y la sexualidad de una de las dos categorías sexuales establecidas por el orden patriarcal, “la mujer”. Como el tabú oprime a la mujer para hacerla protagonizar una historia con un guion hecho por el otro y al servicio de los demás. En este espacio proponemos repensar sobre esa representación sociocultural naturalizada que nos imponen los mandatos del género y como a las mujeres, cada una desde su singularidad, nos gustaría relacionarnos con nuestro cuerpo, construir nuestra sexualidad y mostrar nuestras realidades. Invitamos a visibilizar lo que se oculta, nombrar lo que se silencia y definir lo innombrable.

Sabemos que la violencia puede ser explicita o encubierta, ejercida de forma deliberada o inconsciente, a nivel individual o estructural, sancionada por ley o por la sociedad …Pero ¿qué pasa cuando no la percibimos aunque nos esté oprimiendo? De aquí parte la invitación a cuestionarse como el tabú puede estar violentando a “la mujer”, tanto desde la aceptación como desde la subversión.

El concepto mujer en la configuración heteropatriarcal es una imposición del cómo tiene que ser la mitad de la población. El tabú, una herramienta cultural al servicio del control institucional, regula aquello que puede y debe mostrarse y aquello que debe ocultarse o silenciarse con el fin de mantener la “esencia femenina”, hasta el punto de estetizar la opresión que se ejerce sobre su cuerpo y su sexualidad. De ahí, que al plantear esta acción la mayoría de las personas preguntasen ¿El tabú como violencia sexual?

Las creencias crean la realidad, nos aferramos a lo que vemos y creemos para evitar la ignorancia, al igual que interiorizamos las desigualdades de esas dos categorías construidas y naturalizadas por el sistema patriarcal como sexo (mujer/hombre) y género (femenino/masculino) y que esterilizan la violencia, la violencia que se ejerce día a día sobre las mujeres y que la sociedad acepta o da espalda, cuando no la banaliza.
En este espacio invitamos a reflexionar sobre cuestiones que siguen siendo tabú para una gran parte de la población con respeto al cuerpo y sexualidad de uno de los dos sexos posibles de la cultura del género, la mujer.

Si partimos de que conocer nuestro cuerpo es una forma de empoderarse y que el cuerpo femenino es cosificado y expuesto al público a diario por los medios de comunicación, ¿Por qué la innombrable, y en muchas ocasiones nunca explorada por las personas que la poseen, vulva se confunde y dibuja como vagina?, ¿Por qué la mayoría de las mujeres, incluidas las que practican relaciones heterosexuales, no se masturban o no lo confiesan?, ¿Por qué llega a ocultarse el hecho de estar menstruando?, ¿Por qué la sangre de la menstruación sigue siendo repudiada?… Acaso ¿Seguimos vinculando sexualidad y reproducción femenina?
Desde una perspectiva de género, en la cultura patriarcal la vagina es el elemento principal de receptividad de la agentividad sexual activa del hombre. Una agentividad sexual femenina al servicio de la masculina que niega o minimiza el autoerotismo de las mujeres como una manera autónoma de buscar placer en su propio cuerpo a no ser que la finalidad sea ser exhibida para el goce del otro. En este modelo heteronormativo persiste el binomio de sexualidad femenina igual a fecundación, que estigmatiza toda práctica que no tenga como finalidad la reproducción, como sucede con el aborto y que culpabiliza a la mujer por no cumplir su principal papel, el de ser madre. Así, un aspecto fisiológico y común en la vida de las mujeres como es la menstruación, asociada a su capacidad reproductora, y que antaño le confería poderes sobrenaturales, en la actualidad aún se esconde su sangre o da vergüenza nombrarla porque las sociedades patriarcales decidieron asociarla con la impureza, incluso con desgracias; e igual suerte del asco corren los demás fluidos vaginales. Y por paradójico que parezca, se sanciona a la mujer que no quiere amamantar y a la madre que amamanta en público. Acaso esta castración del cuerpo y sexualidad de la mujer ¿no es violencia machista?.

Identificar, nombrar, analizar y deconstruir lo que el tabú esconde, es nuestro objetivo junto a la visibilización de otros tipos de maltrato que se están dando sobre el cuerpo y la sexualidad de la mujer. De aquí nuestra invitación a seguir explorando a través de “hai roupa estendida”

Purificación Leal Docampo
Miembra de la Directiva de la Sociedad Galega de Sexoloxía